30
Abr

“En cada adulto hay un niño que quiere jugar”.

Sabias palabras del gran filósofo Friedrich Nietzsche, y que son la puerta hacia una verdad innegable: Hemos adormecido a nuestro niño interior, y con ello, hemos perdido todas las características y competencias (si, competencias) que hacen de las capacidades de los niños, un recurso invaluable.

A lo largo de nuestras vidas, nos vamos doblegando con paradigmas, aprendizajes, dogmas, educación, complejos, traumas, ilusiones rotas, regaños, miedos, trastornos, tics, y demás experiencias que nos hacen ir anestesiando a ese niño para convertirlo en un adulto.

Por eso hoy, en el Día del Niño, te damos 8 pautas infalibles para despertar a tu niño interior. No se trata de tirarnos en el suelo y armar un berrinche, sino de rescatar todas las cualidades que debemos conservar desde el jardín de niños hasta la actualidad.

1. Trata de hacer las cosas que te gustaban hacer de niño. Tales cosas incluyen jugar más, ir a un parque, e inclusive ver las series animadas que te gustaba ver.

2. Deja de obsesionarte con las cosas pequeñas. Los niños no se preocupan. Deja de pensar que el mundo se derrumbará si no te obsesionas. Te sorprenderás de que todo sigue igual. Quizás ganes algo de claridad y perspectiva.

3. Los niños son capaces de sentir algo intensamente y superarlo rápidamente. Trata de sentir sin juzgar lo que sientes (“No debería sentirme así”) para que no te aferres a un solo sentimiento. Verás que funciona.

4. Si tienes hijos, haz cosas que a ellos les gusta hacer. Mécete en el columpio con ellos o juega a las muñecas. Ve el mundo a través de sus ojos. Construye un fuerte con los cojines del sofá de la casa o ve en bicicleta con ellos. Ensúciate, haz burbujas, arroja pelotas. Inclusive, salta en un charco de lluvia.

5. Deja de obsesionarte con las calorías. Si bien es cierto que hay que cuidar la salud, cómete una paleta o un chocolate, pero después corre como un niño desquiciado lo hace y verás que quemas todas las calorías.

6. Nunca digas la frase “soy demasiado viejo(a)”. Trata de decir “estoy a la mitad de mi juventud”.

7. Convierte tus tareas diarias en algo divertido. Haz dibujos, usa colores, escucha música, levántate y baila, ríete, decora tu lugar de trabajo. Haz lo que sea para que tus tareas diarias no sean una carga de aburrición.


8. Vuelve tranquilamente. Por supuesto, somos adultos responsables y debemos serlo. Pero siempre ten en mente la diversión que la niñez enseña. Aprende formas en que puedas retomar tus recuerdos de infancia y utilizarlos en una forma segura, que te haga sentir en confianza, pleno e influenciado a ser una mejor persona.

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